Historia a medias. Conclusiones

Tal y como expresa Nacho en su segunda entrada sobre caballos y demás cuadrúpedos, nuestro objetivo con las dos primeras es provocar al lector y reflexionar acerca de cómo funcionamos los fisios a la hora de razonar ciertas cosas.

Por ello, si aún no has leído las entradas anteriores, por favor,  te invito a que lo hagas antes de proseguir por aquí.

Diríamos que la idea es sacudirnos un poco más y reflexionar sobre la necesidad de aplicar el ya famoso razonamiento clínico extrapolado a ámbitos, digamos, transversales de nuestra Lex Artis.

A la fisioterapia y los fisioterapeutas nos falta entrenamiento táctico. Y es mi opinión, que no nos vendría nada mal un poco de autocrítica o reflexión sobre esas banderas amarillas que nos sesgan no sólo en la toma de decisiones intraclínica sino en la “ultraclínica” (permítanme la expresión).

En cuanto a la historia…correlación no implica casualidad.Aunque, como decíamos, saquen sus propias conclusiones… es la chispa de la deducción la que debe saltar en cada mente.

 

Sólo añadir a las notas a pie de página de Fabiani, y en referencia a mis colegas @marivi_roman , @david_kinet y @villovi_fisio que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

Buena lectura!

Historia a medias.

Tres opciones posibles, caballo, cebra y unicornio. Correlación y Causalidad. Dos historias. Saquen sus propias conclusiones.

Tres amigos discuten mientras esperan que les den acceso al ferri dentro de un vehículo.

El motivo de su conversación surge de un extraño Van que se engancha al coche que tienen justo por delante.

– Está enganchado al coche, por lo que se trata de un remolque. Aunque es un tanto peculiar- opina uno.

– Ya, pero ¿qué lleva dentro?- se pregunta el conductor.

– Es un animal. Os apuesto lo que queráis- propone el copiloto.

– Apostamos lo que digáis, menos la comida del ferri. No vale para nada-se escucha desde detrás del coche.

– Bueno; observemos– dice el conductor.

Los tres fijan su atención desde la lejanía mientras comienzan a moverse y pierden de vista el vehículo que accede antes que ellos en el interior del barco.

– Creo que he visto un cartel. Conozco esos carteles. Te ponen algunos datos de interés que aclaran el contenido y características de las mercancías-opina uno.

– ¿Y si averiguamos algo más?-propone otro.

– De acuerdo; una manera interesante de pasar el viaje-dice el tercero.

Los tres se bajan del vehículo y se dirigen al otro coche. El conductor del vehículo que tira del Van ha desaparecido. Rodean el mismo y en la parte trasera del enganche encuentran el cartel.

-“Transporte de animales vivos”- lee en voz alta uno.

– Pues sí que es un animal.

-Os lo dije.

-Ya, ¿pero cuál?-dice mientras se agacha buscando más información.

– Puede ser uno muy grande; este chisme es enorme.

-O contener muchos animales pequeños.

– ¿No veis que es para caballos?

– ¿Qué te hace suponer eso?- pregunta uno mientas continúa leyendo la etiqueta-. Mirad, aquí abajo pone  “Origen Madagascar”.

-¡La leche! ¿Madagascar?- exclaman al unísono los otros dos.

-Una vez vi una peli de dibujos con mi sobrino…

-¡No irás a decir que lleva pingüinos tío! Yo también vi la peli.

– ¿Pingüinos? Yo iba a decir cebras…

– Sigo pensando que es un caballo, señores.

– ¿Y qué te hace estar tan segura?

– No lo estoy. Habrá que examinarlo más detenidamente.

Los tres sujetos, divertidos, comienzan a moverse en torno al vehículo de transporte de animales vivos y empiezan a sentir un fuerte olor.

–  Huele a…

– ¡Mierda!- exclaman entre risas, mientras se tapan la nariz.

– Este tipo acaba de mandarnos un mensaje… ¡dejadme en paz!

– Una vez vi un unicornio- se escucha desde detrás del van.

– ¡No fastidies tía!

–  Os lo juro. Fui con mi primo a una de esas convenciones frikis sobre una saga famosa de magos. Y allí estaba; os juro que parecía auténtico.

– No alcanzo a ver por las rendijas-dice resoplando uno de ellos mientras salta intentando asomarse al interior.

En ese momento se escucha un sonido procedente del interior del Van.

Los tres se miran sorprendidos. Pero justo a continuación un aviso más potente procedente de la megafonía del barco les alerta que está prohibido permanecer en las bodegas mientras éste esta en marcha.

Al subir las escaleras se escucha la voz de una mujer que, presurosa, baja con un trabajador del barco. Ambos hablan acaloradamente.

-…no creo que sea un problema, lo traigo de vuelta y se encuentra vacío.

– De todas formas es mejor llevarlo al lugar apropiado señora, aunque esté vacío. Son las normas.

-Tendría que hacer una llamada. ¿Me dejarían un teléfono?

-Hablaré con el encargado…

Al llegar a la cabina interior los compañeros siguen con la discusión.

-Sonaba como un relincho – dice uno de ellos mientras se asoma por la ventana.

-¿Y cómo suena una cebra? – le pregunta otro buscando algo en la mochila.

-Necesitamos más datos– le contesta.

-¡Necesitaríamos más conocimiento sobre los cuadrúpedos por Dios! – exclama el tercero bostezando.

-Cierto- opina el primero oteando en el horizonte desde la ventana.

-Entonces, ¿qué?- susurra el tercero casi dormido.

-Pues nada. Me temo que tendremos que pagarnos cada uno la comida- comenta el segundo sacando dinero de la mochila.

-Lo que os diga. Un caballo-sentencia el de la ventana.

-Ya sabemos que no es muy especial pero es lo que hay- dice el segundo con un billete en la mano.

-Me hubiese gustado la cebra. Son más especiales-piensa en voz alta el tercero reclinándose en el asiento.

-¡Yo me refería a la comida! Además, ¡al final no llegamos a apostar nada!-  dice el segundo  mientras se levanta y se dirige dirección al bar.

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