Ad Líbitum

Y aquí estás tú, conmigo. Y mi fisio también, que sonríe.

Mis pies se despegan del suelo para llevar hacia atrás a mi cuerpo antes de aterrizar.

Mi corazón se acelera porque me emocioné ante la decisión de saltar.

Miro a mi fisio que me mira mientras levanta la cabeza tras asentir.

Me subo a la camilla para sentarme y escucharle.

Pongo mi rodilla extendida al máximo para doblarla.

Mi rostro sorprendido se tensa antes de soltar el aire y tomarlo profundamente…

Salgo de la clínica para ir a mi casa.

Dejo la muleta en la puerta.

Subo las escaleras hacia arriba culeando y entro en la ducha resbalando por el borde.

Las gotas de agua salen de mi cuerpo y regresan a la alcachofa.

Salgo de nuevo para ponerme el pijama y cojeo hasta la cama.

Sueño con el año pasado.

Las sesiones de propiocepción.

Los partidos desde el maldito banquillo.

Las sesiones de marcha.

Los partidos interminables desde el banquillo.

Las sesiones de movilizaciones.

Los partidos desde la grada.

Las sesiones de movilizaciones en descarga.

Los partidos desde casa.

Las sesiones de isométricos.

Los partidos desde el hospital.

La ambulancia.

El partido.

El dolor disminuyendo progresivamente de intensidad desde el más agudo hasta un ligero espasmo.

El césped huyendo de mi pierna.

Mi rodilla volviendo a su sitio despegando del suelo y el crujido en el aire haciéndose el silencio.

La pierna de mi contrincante saliendo de mi muslo.

Mi cuerpo retornando al equilibrio.

Mi cabeza girando desde delante hacia donde estás tú; tan bonita alzando las manos.

No te sientas mal. Tú no tuviste la culpa. Fui yo quien te miró cuando no debía despistarme. Y aquí estás, a mi lado, cuando mis pies por fin regresan al suelo desde el cielo al saltar, y mi rodilla responde.