Amanda

El dolor filiforme del costado se confunde con el canto de los pájaros de la ventana en lo más profundo de su inconsciente. Cuando tu mente te encierra en sus entrañas estás perdida y ni la más aguda de las álgias consigue despertarte.

Yacía en una moderna, impoluta y soberbia sala de hospital público ante la mirada de tres médicos que mantenían una perfecta y ordenada conversación en su jerga hipocrática. Ginecólogo, internista y neurólogo coincidían en su diagnóstico:

– “Desde el punto de vista ginecológico se encuentra estable. Es un milagro.”

– “Las constantes están controladas y no presenta riesgos de sobre infección u otras complicaciones relevantes desde mis competencias. Tan sólo queda prevenir las complicaciones del encamamiento.”

–  “Está en coma pero dadas las circunstancias del accidente y teniendo en cuenta su estado generalizado tengo esperanzas de que se recupere pronto. Las pruebas no muestran daños centrales, pero es muy probable que cuando despierte entre en estado de confusión, propio de estos casos.”

-¿”Estamos hablando de que desarrollará amnesia postraumática?” – Preguntó la enfermera.

– “Es muy probable pero es joven y como ya he dicho la caída no le produjo daños. Ahora lo más importante es evitar la atrofia por desuso.”

En medio de esta escena irrumpió en la habitación un hombre de aspecto juvenil. Su uniforme le delataba como profesional del centro. Parecía enfermero pero sus movimientos se intuían más ágiles y livianos de los acostumbrados a ver por allí. Como un ente de la casa pero de caracteres especiales.

– “Buenos días”- Saludó.

– “¿Qué tal estás Sergio?- Le contestó el neurólogo estrechándole la mano.  – “Me alegro de verte.¿Leíste el artículo?”

-“Sí, muy útil, gracias. Te pasé uno esta misma mañana.”

-“Le echaré un vistazo; hoy estoy de guardia. Hasta luego.”

Se despidió y se unió al resto del equipo que al marcharse preguntaron al compañero de quién se trataba.

-“¿No le conocéis?, es Sergio, el fisioterapeuta.”

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Entre el camino correcto y el incorrecto hay diversidad de senderos. Algunos no tienen salida y otros son una trampa. La puerta de su laberinto parece lejana. Se siente tan cansada que no tiene fuerzas ni para elevar los párpados. Escucha el zumbido de una mosca lo que significa que sigue en el mundo, que no está muerta. En sus pensamientos sólo encuentra un dolor de vacío incrustado. Está tan cansada que no puede respirar. No puede.

De repente el silencio. Ya no oye la mosca. El silencio y todo oscuro. Nada, no hay nada. El dolor ya no está. Una profunda sensación de alivio la inunda y a la vez la desconecta del mundo…se acerca peligrosamente a un estado de total equilibrio.

Es una niña pequeña de nuevo. Recorriendo el colegio y en su interior reviviendo de nuevo su vida. Los atardeceres en la granja. Las mañanas en la playa con su prima y el gato negro que parecía estar siempre allí.

Las casas de palillos que hacían en clase. Los ojales que cosían con esmero las abuelas de la casa de al lado.

Los pensamientos se agolpan en orden entrando por un lugar de la mente y saliendo por el otro mientras en su infinito sueño los contempla como si visionase la película de su vida. Y en la espera de algún resultado a este estado inconsciente e involuntario no se percata del tiempo transcurrido. Sólo puede esperar y darse al destino que le tiene encerrada en la libertad de sus pensamientos.

Algo pasa en algún instante: puede ver luces que recorren, por encima suya, largos pasillos. Una conversación ordenada y pautada, como un diálogo de una obra de teatro que oye pero no puede ver.

De nuevo las luces y un ascensor. Los pensamientos continúan desfilando en el escenario. Los desayunos de clase. Las pinturas de las uñas. El olor a esmalte.

Alguien le habla en lo más profundo. Es una voz agradable. Le causa alivio. Continúa en sus pensamientos. Cuando no está le echa de menos. La voz. Esa voz es buena. Una nueva sensación le invade. De forma progresiva comienza a sentir calor. Su piel comienza a conectarse con su mente. Los receptores táctiles conectan con niveles centrales y comienza  a generarse una nueva conexión. Como si se recuperase una amistad muy antigua. La química vuelve a tener sentido. Los sentimientos siguen agolpados y murmuran en su inconsciente. Pero va cambiando algo ahora que comienza a sentir cómo su cuerpo tiene de nuevo sensaciones. Está nadando. En la playa de nuevo. Por fin su cuerpo se mueve y ella, desde dentro, siente el movimiento.

Se pierde de nuevo. Una sacudida le impacta en el alma. Un coche, velocidad. Aparece Él. El miedo le invade. Se siente mal. El miedo se la quiere comer. Sus pensamientos luchan por salir de ahí.

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“La fisioterapia es una ciencia, pero también un arte que ha de realizarse con amor. Si no transmites con esta pretensión, si las manos no trabajan a las órdenes de un cerebro que razona, entonces sólo estamos tocando un cuerpo. Esto debemos aprender cada día, querida. La verdadera curación empieza por hacer sentir al paciente que en su interior tiene todo lo necesario para recuperarse.”

Sergio hablaba con voz tenue a la mujer que ocupaba la cama, y miraba dentro de su alma a través de sus manos como cada día que realizaba la sesión de fisioterapia, esperando obtener de ella alguna respuesta. Le intrigaba sobremanera cada caso que le ocupaba, pero este le tenía embelesado. A su marido le hablaba cada noche de la mujer de la cara triste.

-“Es muy joven para ese rostro. Ha debido sufrir algo intenso y doloroso. Sabes que a veces he sentido eso en la mirada de algún anciano pero, este caso no me cuadra, es demasiado joven para esa expresión.”

Tomaba entre sus manos los pies de la mujer y realizaba tracciones suaves, en los dedos, rozamientos superficiales para estimular la piel, y progresivos ejercicios de cinesiterapia, de momento pasiva. Luego repetía este proceso en rodillas y continuaba con suaves movimientos en caderas y en manos, codos y cinturas escapulares. Los ejercicios globales los dejaba para el final. Con mucho cuidado continuaba hablándole y contándole las noticias del día.

– “No te voy a aburrir hoy con política. Me tiene hastiado a estas alturas de la historia del hombre ver cómo los ciclos se repiten y se repiten. Te pondré al día mejor con una receta fabulosa que me han contado y que va a hacer las delicias de tus invitados cuando salgas de aquí y celebres una fiesta, querida.”

Reflexionando sobre el caso, Sergio recordó algo en el artículo referido por su compañero y decidió ir a consultarlo en la base de datos del hospital.

– “Por hoy hemos terminado; seguiremos trabajando los dos. A ver si conseguimos remover algo dentro, y empiezas a salir de donde quiera que estés, alma bonita. Nos vemos mañana, con las manos.”

Cuando comenzaba a salir de la habitación, el muchacho comenzó a escuchar un susurro.

Dándose cuenta de lo que ocurría, sacudió la cabeza, corrió hacia la mujer y llamó a su compañera.

– Alicia, sal del estand y corre. ¡Nuestra paciente ha despertado!

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Por que la esencia de la  Fisioterapia ilumina los lugares más insospechados.

A todos los que trabajáis para dar luz en senderos oscuros.

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