Universus-A-Um

Antes de ayer no miré al cielo, pero reconocí a una estrella. En realidad sólo entendí lo que ya intuía…que las estrellas más brillantes, a veces brillan más en la oscuridad.

Si fuera árabe, Aldebarán sería su nombre, “la que sigue”.

Si fuera latina, Oculus Tauri.

Si italiana, Oculus Australus,  “Ojo del Sur”Si griega, Omma Boos.

Pero de ninguno de estos sitios procede; pues nació entre preciosas murallas.

En sus negros ojos habita un Universus ; aquel del que habla con las manos. Y en su infinita generosidad se halla la excelencia, escondida en una humilde cajita.

Porque hay estrellas más brillantes que el Sol. Aquel que de nieblas cubren a la Tierra, con sus sombras y sus brillos.

Porque hay gigantes rojas hermanas de  Aldebaran, que por algún motivo el destino no les dejó escapar del Universo de su mirada.

Y esta estrella es una de ellas. Y su nombre le proporciona criterio. Yedra y Cerezuelo la arropan.

Grande la pena de sentir qué gran “Ojo del Sur” nos perdimos. Pero “la que sigue”, es ahora más gigante.

Y tuve la suerte de descubrirla. Y tengo la suerte de que me guía.

Y tendré la suerte de verla brillar, siempre. 

 

Porque los verdaderos astros, no necesitan Tierras que gobernar.

Su verdadera misión es enseñarnos a descubrir el camino, con su luz.

Y no necesita más nombres que el que sus padres le dieron.

 

Gracias, amiga.

 

 

Imagen| Aldebarán

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Cuestión de tiempo.

Era una noche de invierno como las de antaño. Las ventanas del gimnasio parecían transpirar el vaho de la calle y éste se dejaba llevar por la estancia  hasta quedar adherido a las gomas, las pesas y las paredes, como el humo de una  chimenea escapa de las últimas áscuas silenciosas de alguna mansión victoriana. El enchufe medio descolgado de la diatermia amenazaba tambaleante cual péndulo impaciente de un reloj suizo labrado en madera, mecido por el impulso de Boby al salir de la sala.  Una gotera del grifo artificial del lavabo portátil de la sala de podología, dejaba escapar un ligero sonido que simulaba una tetera sibilante. Y tililaban las luces del monitor de la recepción, como las velas lucían en el habitáculo del Señor Scrooge.

-Mañana es fiesta. Tenemos cena en casa con los amigos- le comentó Boby a Ebye-. Podrías venirte. Vendrá Sam.

Boby había llegado de Berlín. Su beca Leonardo terminaba en febrero y aprovechaba al máximo sus jornadas en la clínica. Pero también disfrutaba de cada momento libre de su estancia en aquella ciudad del sur de Europa. De Ebye aprendía día a día y entre otras cosas admiraba su vocación y pasión por la práctica clínica. Pero esa noche, en la que los pacientes estaban en sus casas, preparando ya la cena, sentía algo de pena al verle en el escritorio delante del blog.

-¡Ebye!

-Uhm…- articuló sin mucho interés.

-¿Me escuchas? – susurró tras su nuca con su medio acento alemán.

-No voy a salir mañana. Tengo una formación en un mes.

-Venga ya Ebye. Mañana te vienes al piso. Kelly va a rellenar un pavo. Y Jhoana va a hacer pannacota. No fastidies. ¡Y vendrá Sam! ¿Me oyes? Sam, del centro de entrenamiento.

-Claro. Vale.

Alzando la mirada al techo con expresión de hastío, Boby tocó su hombro y se retiró cruzando la cálida recepción, mientras se despedía con la esperanza de que entrase en razón.

-¡Mañana te mando un wassap a ver si cambias de opinión!

-Publicar automáticamente. ..pensó en voz alta.

Boby cerró la puerta.

No, mejor lo programaría para días antes de la formación. Para aumentar la expectación. Echó una mirada de reojo al reloj. El parpadeo de la luz analógica le daba sueño. Un rato más. Sólo un rato más.

Un recorrido suave sobre su piel. La mirada admirada de un paciente tras una reevaluación. El olor al adhesivo. Un perfume llamado Jennye. Jill, Jeremy, signos comparables. Telones de azúcar sobre el escenario al oir hablar a la nutricionista junto al box. …

Ebye despertó de repente sintiendo retumbar su corazón bajo un pecho asustado por el frio de la helada estancia. A las once se apagaba la calefacción. Todo estaba oscuro. Tenía dolor de cuello. Le hubiera apetecido crujirse C4; lateralmente hablando. Pero se lo impedía su religión, incluso lateralmente.

El blog a medio escribir esperaba en standby. Lumbares. Lumbreras. Lumbres. Qué frío.

De repente se le erizaron los vellos de la nuca al intuir una presencia a su derecha. Echó el aire de sus pulmones y con una contenida espiración, hizo una apnea sin hipopresionar (el sonido posterior delataría su presencia). Volvió a inspirar para no marearse y reunió toda su valentía para girar la cabeza.

Al centrar la mirada le vió. Allí estaba, el mismísimo Robin, sentado en la camilla mirándole de frente. Y a su lado, Louis le sonreía.

-Buenas noches Ebye. Soy…

-Ya sé quién eres, por Dios- se sorprendió contestándole.

-¡Ah! Pues a mi lado tengo a…

-Señor, no hacen falta presentaciones-volvió a decir con la boca seca por los nervios-. Está claro que necesito ayuda. Estoy delirando.

-Para nada- contestó Louis guiñándole un ojo azul como la mar, con serenidad.

En ese momento a la izquierda de Ebye asomó la cabeza de una tercera aparición.

-¡Llegas tarde Andrew!- exclamó Robin con acento divertido.

Ebey se frotó los ojos. No sabía qué hacer. Salir hacia la izquierda le haría chocar con el señor de la barba. Y hacia la derecha sólo estaba la camilla. Bueno la camilla y dos fantasmas más.

-Deja de mirarnos así y síguenos. No perdamos el tiempo.

-¿Seguiros? ¿A dónde?

-La cuestión no es a dónde- dijo Louis- sino a cuándo.

Sin más, una turbulencia le sacudió el pecho. Cuando abrió los ojos se sintió mal. Robin le tomó de la mano y le sonrió con benevolencia.

Entonces reconoció la sala.

– Ebey, estamos en el pasado-le dijo el señor M.

-No fastidies. ¿Esto va de Dickens?

-Esto va de ti. Y desde el mayor de los  respetos al señor Dickens. ¿Reconoces esto?- le preguntó Robin.

Claro. Un curso de hace años. Tendría unos veinte en aquel momento. Miró a su alrededor y reconoció los rostros de sus compañeros.  El olor de la moqueta y el sonido de la traducción le removía tantos semtimientos… y entonces se vió. Pegadas las manos al teléfono, enredada la mente en la pequeña aldea de muros semipermeable. Sintió el abrazo cálido del sentimiento de pertenencia a un grupo.

Robin le miraba. Ebye giro la cabeza y le preguntó.

-¿Es cierto? ¿Todo te lo enseñaron tus pacientes?

-Es una buena pregunta Ebye. Tuviste suerte de encontrar un grupo que te hiciera dar más importancia a las preguntas que a las respuestas. Debes recordar eso. No hay respuestas correctas ni incorrectas. Y tampoco necesidad de tratar de hacerse preguntas de forma contínua. Busca en tu pasado para encontrar algunas respuestas. Y sólo aprende de ellas. Como yo de mis pacientes.

-Pero, entonces…

Robin ya no estaba. En su lugar Louis le daba la mano y desaparecían de la sala como flotando.

Otro salto.

Su casa. Algunos años después de aquel curso. Su padre le decía que ese año para las Navidades le haría un buen regalo. Y Ebye le repondía que necesitaba varios libros y algo de dinero para unas jornadas.

Louis le rozó el codo.

-¿Recuerdas ese día? -le dijo.

-No del todo- contestó mirando a su alrededor con algo de confusión.

Su abuela. Cuando la vio sintió escalofrios. Las ganas de abrazarla y la sensación al volver a oler su perfume a naranjo le hicieron sollozar.

Debería haberle dado más abrazos.

-No te atormentes-le dijo Louis-. Estás aquí para aprender, no para sufrir.

-Entiendo. Pero no sé qué tengo que aprender. En esa época sólo quería seguir creciendo.

-A veces crecer no depende de aprender más, sino mejor.

-Ya , pero tú mismo decías que hay que moverse si no quieres convertirte en un…

-…no sólo los árboles necesitan raices. Debemos cuidar de los nuestros.

Ebye escuchaba con atención. Robin se le había escapado pero no pasaría lo mismo con él.

-Escucha Louis, quisiera darte las gracias por tu paso por el mundo. Me gustaría sólo decirte que dejaste huella en la profesión, que nos acordamos de tí y de tu propuesta de cambio de perspectiva.

Louis inclinó la cabeza con gesto de elegante agradecimiento.

-Ahora presta atención. Todo irá bien.

Y se fué.

Y de nuevo una sacudida.

El instituto. Reconoció a sus compañeros de clase. Y la vió. Impulsando la silla de ruedas pudo volver a sentir la lástima que le provocaba aquella chica que sólo estuvo un curso con ellos. Y de repente, como si se tratase de una revelación, se percató de algo que le ardió por dentro. Sintió el impulso primero que le hizo estudiar fisioterapia. La fascinación por el cuerpo. La admiración por la profesión que podría cambiar la vida de las personas. Y un inesperado frio le recorrió el alma; el miedo al sentir la posibilidad de ser quien sufriera el daño del sistema infinito, de ingente poder, de inexorable clave hacia su acceso en la recuperación; el miedo al sistema nervioso. Reconoció el motivo inconsciente de su especialización en músculo esquelética…y en la región lumbar…lejos del cuello. La chica le pasó por su lado y juraría que al pasar le dedicó una sonrisa.

-A veces la realidad es tan incierta…

Ebye se sobresaltó. Se había olvidado de los fantasmas. El volverse miró al tal Andrew. Y entonces lo reconoció.¿Qué hacía él allí? ¡A él no sabría què decirle! En realidad eran tántas las preguntas…

-No hace falta que preguntes nada…-acertó a decir el fantasma como leyéndole el pensamiento- ya sé que tienes mucha confusión.

-Menuda la que he liado. No sé qué decirte….

-Yo te responderé. A veces no hay que tomarse las palabras al pie de la letra. Los motivos de cada cual para tomar su camino, no deben convertirse en los de los demás. Hay que evolucionar Ebye. Pero razonando. Y siempre sé crítico. Nunca des nada por sentado.

Ya no estaban en el instituto. Habían vuelto a la sala. Segundos antes de verle salir por la puerta, Ebye acertó a decirle…

-¡Siento lo de tus hijos!

-Piensa en los tuyos Ebye-le contestó él antes de desaparecer.

¿Hijos? Se sentó en su despacho y pensó en intentar dormirse. Así despertaría de aquel extraño sueño.

A veces en la vida se presentan mometos de lo más especial. No por su significancia en el presente, sino por la relevancia para el futuro…

Ebye levantó la cabeza del escritorio. Miró hacia los lados. Todo estaba en orden. Menudo sueño. Se levantó de la silla. Le dolía la espalda. Pensó en que tenía suerte de saber tanto y a la vez suerte de saber tan poco.

-¿Cómo te encuentras Ebye?

-Bien, gracias. Me había quedado dormido Shirley. ¿¡Shirley!?

No, aquello era demasiado. Un sueño extraño lo daba por válido fruto del cansancio, pero tenerla allí delante; eso pasaba a ser preocupante de nuevo.

Aquella señora de rasgos amables y a la par exigentes, le invitó a salir de la sala.

-Es mi turno. Acompáñame.

-Lo, lo, lo que usted diga-tartamudeó.

Era incapaz de desobedecer a aquella señora. Sin dar crédito a la jugada que le estaba haciendo su mente, entendió que lo mejor que podía hacer en aquel momento era dejarse llevar. Sintió que la rigidez con la que se había enfrentado al pasado, se trasformaba en el presente; se hacía definitivamente, relativa.

Salieron de la consulta. Ebye perseguía a la mujer con paso firme hacia la calle. Al salir le preguntó:

-¿No saltamos?

-Espera y mira.

Aguardó unos segundos mirando a aquella imponente señora a la que admiraba, pero ella no le dirigía la vista, sino que fijaba sus ojos en la entrada de la clínica.

Entonces se vió como en un espejo, saliendo de la clínica en solitario. Escrutó su cansado rostro y se dió cuenta de que estaba viéndose.

-¡Estamos en el presente!

Shirley asintió.

-Obsérvate-le dijo.

Vió cómo se metía en el coche bostezando. Antes de arrancar, tomaba el teléfono y leía un mensjar de un perfil en una aplicación. “Sam”.

-Por Dios, puedo sentir mis pensamientos. Quiero responder a Sam que sí iré a la cena mañana. ¿Pero por qué apago el movil? ¿¡Que no quiero distracciones!?-se contestó con incredulidad.

Sintió algo extraño en su interior. Por un lado pensaba en que hacía lo correcto por no querer distracciones en este momento de su carrera. Pero por otro algo dentro de su mente peleaba por salir.

-¿Y ahora qué tengo que hacer? -dijo dando la vuelta y buscando consejo de su acompañante. Aquella se encogió de hombros.

Entonces sonó el teléfono. Metió la mano en su bolsillo y desconectó la llamada. Era su padre.

-¿Sí?-sonó en estéreo.

Su teléfono no funcionaba. En cambio el de su yo del coche sí.

-Hola papá. ¿Cómo está mamá?

No podía escuchar las palabras de su padre. Pensó en que debía haber sido una llamada suya y no de su padre. Hacía varios días que no hablaban.

-Vale. No, no creo que salga mañana. Tengo mucho trabajo. Para el mes que viene tengo los billetes para ir a veros.

De repente recordó.  Aprovechando la formación iría unos días a pasar con su familia un par de noches. Aunque pensándolo mejor, tal vez cogiera vacaciones para quedarse algo más de tiempo. Se dió cuenta de la debilidad que tenía delante; su propia familia.

-¿Ves lo que haces? -le preguntó Shirley.

Asustado y acalorado por aquella situación, respondió de forma confusa:

-Creo que sí.

-Pues no lo hagas-sentenció la señora S gesticulando con firmeza y poniendo un índice en su sien.

-Creo que le entiendo…

Pero era tarde. Se había marchado. La incredulidad se transformó en sorpresa al rozarse la sien. Le acababa de valorar y enviar un precioso mensaje. Debía corregir algunas cosas. Y nadie más que uno mismo debía actuar si verdaderamente quería hacerse más fuerte.

En ello estaba cuando se percató de que se encontraba en el coche. Buscó a prisa su móvil. Miró el registro de llamadas y allí estaba. La llamada de su padre. Entrò en las redes y recordó que tenía pendiente llamar a un par de colegas. Tenían que preparar el siguiente encuentro y también recordó que debía asistir a un par de reuniones en enero.Vió el símbolo de wassap y buscó a Sam. Abrió su perfil y comenzó a escribir… pero el móvil no le funcionaba…

Miró si tenía cobertura. Sí.  Miró si tenía batería. También.

Entonces uno de los cuadraditos de su pantallá tomò relieve. Del cuadrado blanco y azul surgió un enorme pájaro que salió de la pantalla hasta atraparle ente el asiento y el airbag. Antes de que pudiera tratar de moverse se encontró de nuevo con esa sensación, ya casi familiar, en el pecho.

Se vió bajo la sobra de aquel pájaro enorme y mudo que aleteaba sobre su cuerpo, señalando hacia el oeste. En un enorme parque pudo divisar un atardecer. En contra luz observó una persona que empujaba con dulzura a un niño, tal vez una niña, en un columpio.

Sin entender, extendió su cabeza pero antes de alcanzar al pájaro los rayos del sol ponientes le cegaron.

-La ultima vez Sam. Debo llevarte a casa. Debes volver con ellos.

-Sólo un poquito más. No quiero que te vayas-contestó el niño desde el columpio.

Ebye se miró y reconoció sus manos en la cadena del columpio.

El pájaro agitó sus alas y desaparecieron. Entonces pudo sentir las lágrimas resbalando en sus mejillas durante el salto.

Un hospital. Reconoció el sonido de la camilla neumática.

“¿Quién vendrá a verte cuando ya no quede más que la vida que se pasó ?”

Esta fué su última reflexión.

 

 

 

“No sufras. Estás aquí para aprender. Tienes la oportunidad de hacer las cosas de otra manera. No hay formas correctas o incorrectas. Sólo opciones. Y eres tú quien las toma. Tienes un tesoro en las manos. Tu destino. Eres un ser único y tienes la oportunidad de ayudar a tantos…pero debes recordar que las raices son importantes…y que el futuro no es sino el presente que ya ha pasado cuando tan sólo te dió tiempo a suspirar… 

No existen los dogmas. Sólo personas que opinan y pasan por este mundo tratando de dejar la huella para que otros prosigan su camino…pero es la senda una tábula rasa y nunca debes dejar de ser crítico en tus pasos. Comenzando por uno mismo. Agradece la familia de compañer@s de la que dispones en tu nube de fisios y nunca olvides su influencia. No te arrepientas de tus actos en el camino de la profesión. Los pasos en falso no existen, existen las falsas pisadas, y se solucionan desde la más positiva de la perspectivas; las que convierten el amarillo en verde.”

 

-¿Ebye?

Las manos de Boby despertaron del sueño a Ebye.

-¿Ebye estás bien?- escuchó desde delante un acento alemán.

-¿Eh?- se recompuso al contestar.

-¡Te has dormido!- exclamó Boby sonriendo.

-Bobby, ¿què haces mañana?

-Pues te iba a decir que te vinieras a casa. Johanna va a hacer…

-…Pannacota-terminó Ebye.

-¿Cómo lo sabes?-se extrañó Boby-Me lo acaba de proponer en el grupo de wassap.

Ebye sonrió. Se estiró un poco, echó una ojeada a sus libros. Eran unos buenos regalos.

-Boby, si me esperas un segundo, me voy contigo.

-¿Una cerveza?-propuso con acento alemán.

-Perfecto. Pero antes voy a hacer un par de llamadas.

-Salgamos entonces ya.

 

 

 

AMA CADA COSA QUE HAGAS. Y SI MIRAS HACIA ATRÁS, QUE SEA PARA APRENDER Y COMPRENDER TU PRESENTE SIN JUZGARTE.

FELIZ NAVIDAD FISIONUBE.

FELIZ NAVIDAD COMPAÑER@S.

 

 

 

 

Cuestión de tiempo.

Era una noche de invierno como las de antaño. Las ventanas del gimnasio parecían transpirar el vaho de la calle y éste se dejaba llevar por la estancia  hasta quedar adherido a las gomas, las pesas y las paredes, como el humo de una  chimenea escapa de las últimas áscuas silenciosas de alguna mansión victoriana. El enchufe medio descolgado de la diatermia amenazaba tambaleante cual péndulo impaciente de un reloj suizo labrado en madera, mecido por el impulso de Boby al salir de la sala.  Una gotera del grifo artificial del lavabo portátil de la sala de podología, dejaba escapar un ligero sonido que simulaba una tetera sibilante. Y tililaban las luces del monitor de la recepción, como las velas lucían en el habitáculo del Señor Scrooge.

-Mañana es fiesta. Tenemos cena en casa con los amigos- le comentó Boby a Ebye-. Podrías venirte. Vendrá Sam.

Boby había llegado de Berlín. Su beca Leonardo terminaba en febrero y aprovechaba al máximo sus jornadas en la clínica. Pero también disfrutaba de cada momento libre de su estancia en aquella ciudad del sur de Europa. De Ebye aprendía día a día y entre otras cosas admiraba su vocación y pasión por la práctica clínica. Pero esa noche, en la que los pacientes estaban en sus casas, preparando ya la cena, sentía algo de pena al verle en el escritorio delante del blog.

-¡Ebye!

-Uhm…- articuló sin mucho interés.

-¿Me escuchas? – susurró tras su nuca con su medio acento alemán.

-No voy a salir mañana. Tengo una formación en un mes.

-Venga ya Ebye. Mañana te vienes al piso. Kelly va a rellenar un pavo. Y Jhoana va a hacer pannacota. No fastidies. ¡Y vendrá Sam! ¿Me oyes? Sam, del centro de entrenamiento.

-Claro. Vale.

Alzando la mirada al techo con expresión de hastío, Boby tocó su hombro y se retiró cruzando la cálida recepción, mientras se despedía con la esperanza de que entrase en razón.

-¡Mañana te mando un wassap a ver si cambias de opinión!

-Publicar automáticamente. ..pensó en voz alta.

Boby cerró la puerta.

No, mejor lo programaría para días antes de la formación. Para aumentar la expectación. Echó una mirada de reojo al reloj. El parpadeo de la luz analógica le daba sueño. Un rato más. Sólo un rato más.

Un recorrido suave sobre su piel. La mirada admirada de un paciente tras una reevaluación. El olor al adhesivo. Un perfume llamado Jennye. Jill, Jeremy, signos comparables. Telones de azúcar sobre el escenario al oir hablar a la nutricionista junto al box. …

Ebye despertó de repente sintiendo retumbar su corazón bajo un pecho asustado por el frio de la helada estancia. A las once se apagaba la calefacción. Todo estaba oscuro. Tenía dolor de cuello. Le hubiera apetecido crujirse C4; lateralmente hablando. Pero se lo impedía su religión, incluso lateralmente.

El blog a medio escribir esperaba en standby. Lumbares. Lumbreras. Lumbres. Qué frío.

De repente se le erizaron los vellos de la nuca al intuir una presencia a su derecha. Echó el aire de sus pulmones y con una contenida espiración, hizo una apnea sin hipopresionar (el sonido posterior delataría su presencia). Volvió a inspirar para no marearse y reunió toda su valentía para girar la cabeza.

Al centrar la mirada le vió. Allí estaba, el mismísimo Robin, sentado en la camilla mirándole de frente. Y a su lado, Louis le sonreía.

-Buenas noches Ebye. Soy…

-Ya sé quién eres, por Dios- se sorprendió contestándole.

-¡Ah! Pues a mi lado tengo a…

-Señor, no hacen falta presentaciones-volvió a decir con la boca seca por los nervios-. Está claro que necesito ayuda. Estoy delirando.

-Para nada- contestó Louis guiñándole un ojo azul como la mar, con serenidad.

En ese momento a la izquierda de Ebye asomó la cabeza de una tercera aparición.

-¡Llegas tarde Andrew!- exclamó Robin con acento divertido.

Ebey se frotó los ojos. No sabía qué hacer. Salir hacia la izquierda le haría chocar con el señor de la barba. Y hacia la derecha sólo estaba la camilla. Bueno la camilla y dos fantasmas más.

-Deja de mirarnos así y síguenos. No perdamos el tiempo.

-¿Seguiros? ¿A dónde?

-La cuestión no es a dónde- dijo Louis- sino a cuándo.

Sin más, una turbulencia le sacudió el pecho. Cuando abrió los ojos se sintió mal. Robin le tomó de la mano y le sonrió con benevolencia.

Entonces reconoció la sala.

– Ebey, estamos en el pasado-le dijo el señor M.

-No fastidies. ¿Esto va de Dickens?

-Esto va de ti. Y desde el mayor de los  respetos al señor Dickens. ¿Reconoces esto?- le preguntó Robin.

Claro. Un curso de hace años. Tendría unos veinte en aquel momento. Miró a su alrededor y reconoció los rostros de sus compañeros.  El olor de la moqueta y el sonido de la traducción le removía tantos semtimientos… y entonces se vió. Pegadas las manos al teléfono, enredada la mente en la pequeña aldea de muros semipermeable. Sintió el abrazo cálido del sentimiento de pertenencia a un grupo.

Robin le miraba. Ebye giro la cabeza y le preguntó.

-¿Es cierto? ¿Todo te lo enseñaron tus pacientes?

-Es una buena pregunta Ebye. Tuviste suerte de encontrar un grupo que te hiciera dar más importancia a las preguntas que a las respuestas. Debes recordar eso. No hay respuestas correctas ni incorrectas. Y tampoco necesidad de tratar de hacerse preguntas de forma contínua. Busca en tu pasado para encontrar algunas respuestas. Y sólo aprende de ellas. Como yo de mis pacientes.

-Pero, entonces…

Robin ya no estaba. En su lugar Louis le daba la mano y desaparecían de la sala como flotando.

Otro salto.

Su casa. Algunos años después de aquel curso. Su padre le decía que ese año para las Navidades le haría un buen regalo. Y Ebye le repondía que necesitaba varios libros y algo de dinero para unas jornadas.

Louis le rozó el codo.

-¿Recuerdas ese día? -le dijo.

-No del todo- contestó mirando a su alrededor con algo de confusión.

Su abuela. Cuando la vio sintió escalofrios. Las ganas de abrazarla y la sensación al volver a oler su perfume a naranjo le hicieron sollozar.

Debería haberle dado más abrazos.

-No te atormentes-le dijo Louis-. Estás aquí para aprender, no para sufrir.

-Entiendo. Pero no sé qué tengo que aprender. En esa época sólo quería seguir creciendo.

-A veces crecer no depende de aprender más, sino mejor.

-Ya , pero tú mismo decías que hay que moverse si no quieres convertirte en un…

-…no sólo los árboles necesitan raices. Debemos cuidar de los nuestros.

Ebye escuchaba con atención. Robin se le había escapado pero no pasaría lo mismo con él.

-Escucha Louis, quisiera darte las gracias por tu paso por el mundo. Me gustaría sólo decirte que dejaste huella en la profesión, que nos acordamos de tí y de tu propuesta de cambio de perspectiva.

Louis inclinó la cabeza con gesto de elegante agradecimiento.

-Ahora presta atención. Todo irá bien.

Y se fué.

Y de nuevo una sacudida.

El instituto. Reconoció a sus compañeros de clase. Y la vió. Impulsando la silla de ruedas pudo volver a sentir la lástima que le provocaba aquella chica que sólo estuvo un curso con ellos. Y de repente, como si se tratase de una revelación, se percató de algo que le ardió por dentro. Sintió el impulso primero que le hizo estudiar fisioterapia. La fascinación por el cuerpo. La admiración por la profesión que podría cambiar la vida de las personas. Y un inesperado frio le recorrió el alma; el miedo al sentir la posibilidad de ser quien sufriera el daño del sistema infinito, de ingente poder, de inexorable clave hacia su acceso en la recuperación; el miedo al sistema nervioso. Reconoció el motivo inconsciente de su especialización en músculo esquelética…y en la región lumbar…lejos del cuello. La chica le pasó por su lado y juraría que al pasar le dedicó una sonrisa.

-A veces la realidad es tan incierta…

Ebye se sobresaltó. Se había olvidado de los fantasmas. El volverse miró al tal Andrew. Y entonces lo reconoció.¿Qué hacía él allí? ¡A él no sabría què decirle! En realidad eran tántas las preguntas…

-No hace falta que preguntes nada…-acertó a decir el fantasma como leyéndole el pensamiento- ya sé que tienes mucha confusión.

-Menuda la que he liado. No sé qué decirte….

-Yo te responderé. A veces no hay que tomarse las palabras al pie de la letra. Los motivos de cada cual para tomar su camino, no deben convertirse en los de los demás. Hay que evolucionar Ebye. Pero razonando. Y siempre sé crítico. Nunca des nada por sentado.

Ya no estaban en el instituto. Habían vuelto a la sala. Segundos antes de verle salir por la puerta, Ebye acertó a decirle…

-¡Siento lo de tus hijos!

-Piensa en los tuyos Ebye-le contestó él antes de desaparecer.

¿Hijos? Se sentó en su despacho y pensó en intentar dormirse. Así despertaría de aquel extraño sueño.

A veces en la vida se presentan mometos de lo más especial. No por su significancia en el presente, sino por la relevancia para el futuro…

Ebye levantó la cabeza del escritorio. Miró hacia los lados. Todo estaba en orden. Menudo sueño. Se levantó de la silla. Le dolía la espalda. Pensó en que tenía suerte de saber tanto y a la vez suerte de saber tan poco.

-¿Cómo te encuentras Ebye?

-Bien, gracias. Me había quedado dormido Shirley. ¿¡Shirley!?

No, aquello era demasiado. Un sueño extraño lo daba por válido fruto del cansancio, pero tenerla allí delante; eso pasaba a ser preocupante de nuevo.

Aquella señora de rasgos amables y a la par exigentes, le invitó a salir de la sala.

-Es mi turno. Acompáñame.

-Lo, lo, lo que usted diga-tartamudeó.

Era incapaz de desobedecer a aquella señora. Sin dar crédito a la jugada que le estaba haciendo su mente, entendió que lo mejor que podía hacer en aquel momento era dejarse llevar. Sintió que la rigidez con la que se había enfrentado al pasado, se trasformaba en el presente; se hacía definitivamente, relativa.

Salieron de la consulta. Ebye perseguía a la mujer con paso firme hacia la calle. Al salir le preguntó:

-¿No saltamos?

-Espera y mira.

Aguardó unos segundos mirando a aquella imponente señora a la que admiraba, pero ella no le dirigía la vista, sino que fijaba sus ojos en la entrada de la clínica.

Entonces se vió como en un espejo, saliendo de la clínica en solitario. Escrutó su cansado rostro y se dió cuenta de que estaba viéndose.

-¡Estamos en el presente!

Shirley asintió.

-Obsérvate-le dijo.

Vió cómo se metía en el coche bostezando. Antes de arrancar, tomaba el teléfono y leía un mensjar de un perfil en una aplicación. “Sam”.

-Por Dios, puedo sentir mis pensamientos. Quiero responder a Sam que sí iré a la cena mañana. ¿Pero por qué apago el movil? ¿¡Que no quiero distracciones!?-se contestó con incredulidad.

Sintió algo extraño en su interior. Por un lado pensaba en que hacía lo correcto por no querer distracciones en este momento de su carrera. Pero por otro algo dentro de su mente peleaba por salir.

-¿Y ahora qué tengo que hacer? -dijo dando la vuelta y buscando consejo de su acompañante. Aquella se encogió de hombros.

Entonces sonó el teléfono. Metió la mano en su bolsillo y desconectó la llamada. Era su padre.

-¿Sí?-sonó en estéreo.

Su teléfono no funcionaba. En cambio el de su yo del coche sí.

-Hola papá. ¿Cómo está mamá?

No podía escuchar las palabras de su padre. Pensó en que debía haber sido una llamada suya y no de su padre. Hacía varios días que no hablaban.

-Vale. No, no creo que salga mañana. Tengo mucho trabajo. Para el mes que viene tengo los billetes para ir a veros.

De repente recordó.  Aprovechando la formación iría unos días a pasar con su familia un par de noches. Aunque pensándolo mejor, tal vez cogiera vacaciones para quedarse algo más de tiempo. Se dió cuenta de la debilidad que tenía delante; su propia familia.

-¿Ves lo que haces? -le preguntó Shirley.

Asustado y acalorado por aquella situación, respondió de forma confusa:

-Creo que sí.

-Pues no lo hagas-sentenció la señora S gesticulando con firmeza y poniendo un índice en su sien.

-Creo que le entiendo…

Pero era tarde. Se había marchado. La incredulidad se transformó en sorpresa al rozarse la sien. Le acababa de valorar y enviar un precioso mensaje. Debía corregir algunas cosas. Y nadie más que uno mismo debía actuar si verdaderamente quería hacerse más fuerte.

En ello estaba cuando se percató de que se encontraba en el coche. Buscó a prisa su móvil. Miró el registro de llamadas y allí estaba. La llamada de su padre. Entrò en las redes y recordó que tenía pendiente llamar a un par de colegas. Tenían que preparar el siguiente encuentro y también recordó que debía asistir a un par de reuniones en enero.Vió el símbolo de wassap y buscó a Sam. Abrió su perfil y comenzó a escribir… pero el móvil no le funcionaba…

Miró si tenía cobertura. Sí.  Miró si tenía batería. También.

Entonces uno de los cuadraditos de su pantallá tomò relieve. Del cuadrado blanco y azul surgió un enorme pájaro que salió de la pantalla hasta atraparle ente el asiento y el airbag. Antes de que pudiera tratar de moverse se encontró de nuevo con esa sensación, ya casi familiar, en el pecho.

Se vió bajo la sobra de aquel pájaro enorme y mudo que aleteaba sobre su cuerpo, señalando hacia el oeste. En un enorme parque pudo divisar un atardecer. En contra luz observó una persona que empujaba con dulzura a un niño, tal vez una niña, en un columpio.

Sin entender, extendió su cabeza pero antes de alcanzar al pájaro los rayos del sol ponientes le cegaron.

-La ultima vez Sam. Debo llevarte a casa. Debes volver con ellos.

-Sólo un poquito más. No quiero que te vayas-contestó el niño desde el columpio.

Ebye se miró y reconoció sus manos en la cadena del columpio.

El pájaro agitó sus alas y desaparecieron. Entonces pudo sentir las lágrimas resbalando en sus mejillas durante el salto.

Un hospital. Reconoció el sonido de la camilla neumática.

“¿Quién vendrá a verte cuando ya no quede más que la vida que se pasó ?”

Esta fué su última reflexión.

 

 

 

“No sufras. Estás aquí para aprender. Tienes la oportunidad de hacer las cosas de otra manera. No hay formas correctas o incorrectas. Sólo opciones. Y eres tú quien las toma. Tienes un tesoro en las manos. Tu destino. Eres un ser único y tienes la oportunidad de ayudar a tantos…pero debes recordar que las raices son importantes…y que el futuro no es sino el presente que ya ha pasado cuando tan sólo te dió tiempo a suspirar… 

No existen los dogmas. Sólo personas que opinan y pasan por este mundo tratando de dejar la huella para que otros prosigan su camino…pero es la senda una tábula rasa y nunca debes dejar de ser crítico en tus pasos. Comenzando por uno mismo. Agradece la familia de compañer@s de la que dispones en tu nube de fisios y nunca olvides su influencia. No te arrepientas de tus actos en el camino de la profesión. Los pasos en falso no existen, existen las falsas pisadas, y se solucionan desde la más positiva de la perspectivas; las que convierten el amarillo en verde.”

 

-¿Ebye?

Las manos de Boby despertaron del sueño a Ebye.

-¿Ebye estás bien?- escuchó desde delante un acento alemán.

-¿Eh?- se recompuso al contestar.

-¡Te has dormido!- exclamó Boby sonriendo.

-Bobby, ¿què haces mañana?

-Pues te iba a decir que te vinieras a casa. Johanna va a hacer…

-…Pannacota-terminó Ebye.

-¿Cómo lo sabes?-se extrañó Boby-Me lo acaba de proponer en el grupo de wassap.

Ebye sonrió. Se estiró un poco, echó una ojeada a sus libros. Eran unos buenos regalos.

-Boby, si me esperas un segundo, me voy contigo.

-¿Una cerveza?-propuso con acento alemán.

-Perfecto. Pero antes voy a hacer un par de llamadas.

-Salgamos entonces ya.

 

 

 

AMA CADA COSA QUE HAGAS. Y SI MIRAS HACIA ATRÁS, QUE SEA PARA APRENDER Y COMPRENDER TU PRESENTE SIN JUZGARTE.

FELIZ NAVIDAD FISIONUBE.

FELIZ NAVIDAD COMPAÑER@S.

 

 

 

 

Continuismo

20170625_205344Partiendo de la base de la imperfección de la idea con respecto al juicio, esta entrada es una invitación a la reflexión acerca de la idea que ronda en nuestro entorno, etiquetando a cierta voz de ser continuista…

Definamos Continuismo:

Situación en la que el poder de un político, un régimen, un sistema, etc., se prolonga sin indicios de cambio o renovación.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados 1

La unidad NO es una magnitud determinada, sino que una cantidad se puede medir con un patrón de medida donde se establezca una unidad, la cual no está en la cantidad misma, pues el uno implica la discontinuidad. 2

La voz es nuestro caso no resulta de una sola persona, es la resultante de un grupo humano. Un conjunto de esta índole jamás podrá considerarse continuo ya que las personas que la conforman se consideran unidades en sí mismas, y por tanto de naturaleza discontínua.

Ya, ya. Pero a mi me han dicho que sois continuistas… y no en las personas sino en los ideales. 

Para desmentir tal afirmación nos falta un factor de vital relevancia: el tiempo que a todos en su sitio pone.

¿Salto de Fé?

No. Somos científicos.

Acto racional.

Os invito a razonar conmigo.

A los fisios nos encanta razonar. El intelecto desde el entendimiento nos permite realizar juicios. Y estos requieren de la presencia de ideas, tal así que éstas no nos serán suficientes para emitirlos.

Es evidente que el acto de conocer se efectúa en el sujeto, y en él se termina y consuma. Esto hace suponer la representación interna del objeto, o sea la idea.

Tenemos pues, una idea. “La voz es Continuista”. Pero ¿de quién es dicha idea? y necesitaremos algo más, ¿no? Pues si no, tan solo estaremos percibiendo algo.

Para lograr este resultado, ya que no baste para alcanzarle el simple acto de la percepción, el entendimiento realiza una importante función, que lleva el nombre de juicio.

El juicio es la función intelectual por medio de la cual afirmamos, interiormente, la relación de conveniencia o repugnancia entre dos ideas.

Para llegar a este resultado, es indispensable que la facultad encargada de desempeñar la función a que nos referimos, analice, o lo que es igual, descomponga las cosas, de modo que vea con separación lo que en ellas existe, y después reconstituya el objeto, afirmando o negando, según el carácter de la relación que haya descubierto.

Para descubrir la relación que existe entre los términos del juicio hay necesidad de que ambos estén presentes, pero separados entre sí. El entendimiento los compara, y solo por esta operación le es dado llegar al descubrimiento de la relación que existe entre ellos. 3

“La voz es continuista”

Por un lado tenemos la idea de continuismo, por el otro la voz.

Una voz conformada por un grupo humano, discontinuo per sé. 

Continuismo anteriormente definido.

Tal es la índole del juicio. Por él atribuimos o negamos una propiedad o cualidad de un sujeto, después que hemos analizado las nociones de dichos términos. «Cuando interiormente decimos que una cosa es o no es, o que es o no es de esta o de aquella manera, entonces hacemos un juicio.» 3

O sea, que en una institución en la cual existe un grupo que en un momento dado pueda modificarse, la idea de que la mayoria de las personas que lo conforman se mantengan, nos llevaría a pensar en el continuismo, desde el punto de vista político .

Ahora bien , si tenemos en cuenta que somos fisios y somos razonablemente críticos, clínicamente y por qué no, deberiamos también serlo en la vertiente institucional de la metalingüística de nuestra profesión , podríamos brindar la oportunidad a nuestro intelecto de emitir un juicio, favorable o no.

Y más teniendo en cuenta un par de aspectos más: la alternativa a la voz , parte de un grupo humano que también ha conformado al previo. Y la voz viene conformada por personas que hasta el momento no formaron parte de aquello que se critica de ser continuado.

Mi juicio: El sistema político andaluz que rige la Fisioterapia nunca será continuista por el simple hecho de modificar en su interior, las unidades (discontinuas por naturaleza) que conforman sus representantes. Nos guste o no, somos seres sesgado y para bien o para mal, evolucionamos y nos influimos con el simple hecho de ser. Por tanto el cambio y la renovación están asegurados pase lo que pase.

Otra cosa es el poder…hay grupos que quieren el poder para la profesión, que en nuestro caso es la fuerza… desconozco ( pues no tengo ideas con las que razonar) para qué se quiere el poder en otros.

La idea (imperfecta en esencia) de continuismo debería ponerse en tela de juicio si somos razonables.

Os invito a generar vuestro propio juicio.

Gracias.

Para referencias clicar en los links

Dame una D.

300px-Rubik's_cube.svgCompetencias a parte, la fisioterapia está viva y debe integrarse en el actual maremagnum ciberflotante de información y actualizaciones; Ciencias y Artes deberían viajar siguiendo el rumbo de la creatividad y del pensamiento abductivo, navegando en la seguridad del razonamiento.

El proceso creativo, como saben, bebe de la armonía (desequilibrada y viva) de diversos procesos mentales. Requiere divergencia y convergencia. Sin desparrame de sesos, como apunta el elefante*, pero con la mente abierta como predice el fisio super sabio*, la profesión debe mirar por la rendijita de la evolución más allá del muro semipermeable y ver qué se cuece en los fogones de aquellas entidades que desde las guías de práctica clínica bucean por los confines de la innovaciòn.

En fisioterapia debe primar el pensamiento científico, y hay una acertada corriente que impulsa la inclusión del pensamiento crítico, pero ¿qué hay del pensamiento creativo?

Es el Pensamiento de diseño del que me estoy hoy haciendo eco. Esta entrada es tan sólo una reflexión ante algo que quizá, en mi ignorancia, ya se va desarrollando en clínicas de fisioterapia o unidades de fisioterapia en hospitales, como se hace en otros centros sanitarios y se muestra, por ejemplo, en Este caso .

Vamos a definir el pensamiento de diseño. A plantear una hipótesis. Y ustedes me critiquen… comenten… participen.

Os comparto una ponencia de lo más interesante, donde se define el pensamiento de diseño y su aplicación en el ámbito de la salud.

¿Listos?

Allá va mi reflexión: en dos planos paralelos como son el ámbito clínico (primera intención hacia el paciente, alianza terapéutica, razonamiento clínico) y el empresarial (experiencia de negocio, privado o público salvando las diferencias organizacionales), estos conocimientos serían aplicables como en cualquier otra disciplina.

Ahora bien, en lo referente a unidades de gestión no me siento capacitada para lanzar hipótesis, si bien motivada para lanzar el reto a aquellos que siendo conscientes de nuestra debilidad, tienen la oportunidad de acceder a los recursos que les posibiliten el planteamiento de una propuesta de innovación en gestión en fisioterapia.

Las ideas, como pegatinas, necesitan adhesivo y soporte dónde situarse; en la globaliad del hecho, (situación a mejorar), un eje que les proporcione sentido…y en el final…la persona(s) que encuentren el más adecuado para crear figuras cual cubos tridimensionales que nos den la visión global de soluciones innovadoras.

Pero ¿qué hay de la resolución del problema del paciente?

¿Puede la fisioterapia beber de estas nociones de creatividad?

¿Debe?

Os dejo también esta ponencia:

Aquí

Al fin y al cabo, el pensamiento de diseño se basa en la resolución de problemas centrados en la persona, y sus fases son: comprender, observar, definir, idear, prototipar, testear…

…al fin y al cabo ¿ no eseso Fisioterapia?

 

Buena lectura!!

 

Imagen|Cubo

El desprestigio

Hay encuentros fortuitos que acontecen pocas veces en la vida…

De entre el brillo de unos ojos cierta chispa me alcanza para llamar mi atención.

Hay guerras en las que no es sencillo luchar. A veces por que no quieres, a veces por que no pensabas estar.

Pero entonces se levanta un delgado índice para solicitarle distancia; y pedirme cercanía.

Y me gana la batalla.

Me acerco con mirada curiosa y me susurra:

-El des-pres-ti-gio_casi sin aliento.

Frente a mi silencio, sus arrugas pierden la paciencia y se revuelven en su rostro, buscando alguna señal en el mio.

Ante mi sonrisa, no le hacen falta sonidos y me responde con un alzar de cejas y un resoplo de hastío.

-Me molestan …las…gafas…

Una vez fueron las gafas, otra fué un sillón maldito; y en fondo de mi alma, habita el gigante con cara de chiquillo.

Dulcinea entra en escena y entonces todo se modifica.

Y hago mutis; no en el foro, pues debo quedarme en escena…

Mientras observo en segundo plano, aprovecho para captar detalles.

Posición, movimientos, gestos que esconden anclajes donde yo me apoyo en el hecho. Signos que comparar en mi razonar tardío.

Cada paso, cada avance, importa.

Y como una sacudida irrumpe él.

El desprestigio.

-No te mueves.

-No come.

-No me hace caso.

Y ¿quién soy yo para ponerme enmedio?

¿Quién me ha dado guión en esta obra?

A veces el fisio es un artista invitado, que llega en el final de la función cuando todos los papeles estaban asignados. Y como un Sancho perplejo, se esfuerza en hacer un digno intento.

Que me perdonen mis Dulcineas.

Que a veces no nos entienden.

Que la locura no es tal, cuando desde el otro lado, los molinos son más gigantes, que molinos.

Tres he tenido fortuna. De conocerles tuve la suerte.

Y cuando un Quijote se va. Una Dulcinea queda.

Pero también un Sancho, que parte en busca de otras obras inconclusas, confundido y pesaroso.

A uno de ellos le dije  (y espero que los demás me oyeran):

“No hay más bello desprestigio que aquel que del amor llega”

 

 

 

Hasta siempre.

Autoeficacia

El nuevo paradigma actual de la fisioterapia tiene varios frentes abiertos.

Todo aquello que evoluciona y establece fuertes raíces, en ocasiones, parece amenazar el terreno de otros estamentos.

Donde la superioridad no existe, la tierra impone sus leyes, tan antiguas como la humanidad. Y en la complejidad de la misma, se nos olvida que más allá del árbol, existe el bosque.

Le hablamos al paciente de la independencia. En realidad, en la Alianza, el mayor síntoma a vencer (llamémosle signo si os complace), es el la baja autoeficacia.

Es difícil hacerse cosquillas a uno mismo…también daño. ..o causarse alivio.

La neurociencia nos muestra que es más significativo aquello que ocurre desde el exterior…aunque discreparía de su verdadera relevancia en el proceso curativo.

Y es que si se nos aplica el mismo tratamiento, los fisioterapeutas deberíamos autoesforzarnos, y no esperar a que otros curen nuestras carencias.

Potencia tus habilidades, no tus discapacidades… se nos pierden las mejores.

Los bosques están llenos de raíces…¿quién teme a quién?

¿Debemos temernos? Hay tierra para todos…

Es tiempo de cambio. Existen personas que creen en tallos verdes, flexibles, debemos saber adaptarnos. Pero si nos anclamos en egos presuntuosos y no parsimoniosos, volveremos a caer en la misma tesitura…

Reflexionemos.

La autoeficacia comienza por una fuerte memoria de éxitos anteriores.

Éxitos que se basen en batallas ganadas a favor del crecimiento interno, y no del fracaso de los demás. Memorias de superación que refuercen una motivación intrínseca, que nos mueva a generar oportunidades. Los límites impuestos son absurdos…y más cuando lo hacemos hacía los supuestos adversarios.

La autoeficacia parte también del conocimiento de lo que queremos conseguir, superar, restablecer, conquistar. A las generaciones que llegan hay que darles conocimiento. Y a los veteranos, la escucha activa.

No es una guerra. Es la reconquista de valores. La diferencia radica en el respeto al resto.

Objetivos “elegantes”, o marcianos”, venga, va.

Qué bien nos sabemos la teoría…

Son tiempos de cambio.

Si te valoras, te respetas, te quieres, y crees en tí.

Yo amo mi profesión.

Y estoy preparada. Porque me impulsan memorias de otros que ya crecieron.

¿y tú?

 

 

 

 

 

 

Dianas

No llores, Tito.

Tampoco te culpo…nos hicieron lloricas; lloricas y desconfiados. Pero es hora de madurar. Profesionalmente hablando nos queda un largo camino.

No voy a dar mi opinión, sino la de mi fisionube.

En la pirámide de la práctica de la fisioterapia, parece que la cosa va así:

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Pues, ¿de qué nos sirve una caja llena de llaves si no reconocemos la cerradura? ¿para qué un saco de flechas si disparan al aire?

Más cerraduras, más dianas.

El tomate es una fruta, eso ya lo sabemos los fisios sin red. Y disponer de una bolsa llena de fruta para hacer macedonia está genial…pero a veces servir simplemente el tomate con sal, es un acierto. Con esto la fisionube quiere decir que haciendo un símil con la cocina, a veces la calidad reside en el menos es más, siempre desde la base de un buen razonamiento.

Y el razonamiento clínico se apoya en evidencias, experiencias y por supuesto en el paciente.

Para un buen resultado es necesario un buen diagnóstico. Trabajar elegantemente, ordenadamente. La higiene en fisoterapia práctica requiere limpieza. El diagnóstico nos ordena los pensamintos para dejar claro el camino de la terapéutica. La táctica requiere método.La estrategia no improvisa.

Otra historia son las preferencias del paciente. Podemos ir a comer a un fast food o a casa de la abuela. La diferencia es ir al primero a sabiendas de lo que hay.

Por que con el diagnóstico realizamos un tratamiento…el resto es tocamiento.

Debemos luchar por el prestigio. Y para ello la lealtad al profesional es clave. No es jugar a ser médicos, es tomarnos la fisioterapia en serio. El respeto al paciente comienza con un buen screening. Y continúa con la escucha activa. No somos Dioses, somos humanos repletos de sesgos. Hacernos conscientes de nuestras propias banderas nos hace conscientemente incompetentes y ese es el primer paso para la metacognigcion que hará que pensemos y que el paciente nos respete.

 

Luego también están las cerraduras. Algunas son ( con todo el respeto a la complejidad del ser humano, su desequilibrio inherente y su química), simples.

Otras, complejas. Necesitarán varias llaves y algunas las tendrá el propio paciente.

Por esto es, que llorar no sirve de nada; sólo para perdernos las estrellas.

Más pensar, y luego el tratamiento debe brillar por su simpleza.

Que eso dice la fisionube, (yo a veces también lloro).

Tendremos que seguir pensando. Y confiando en los compañeros.

 

Fisios

Y de repente un habitante del exterior de la aldea de muro semipermeable lanza un mensaje a los fisiopedagogos y a los artesanos de los alrededores.

¿hasta dónde llegarán sus reflexiones?

arturo goicoechea

La práctica médica está enmarcada en los límites de dos objetivos: el diagnóstico y la terapia.

Al profesional se le pide que diga lo que uno tiene. Al menos que le ponga un nombre, aun cuando eso muchas veces no aporta gran cosa.

– Tiene usted cervicales… desgaste… contractura… distensión… sobrecarga… estrés…

Una vez puesta la etiqueta el ciudadano espera el remedio o ¡qué menos! el alivio, la terapia.

– Deme algo, al menos, para quitar el dolor o reducirlo, para poder ir tirando…

Los profesionales salimos del apuro tirando de etiquetas y de terapias. Al menos, que se vea que hemos cumplido con lo que se nos exige.

En la cuestión del dolor crónico no es fácil sugerir etiquetas precisas ni garantizar alivio. Cuando los fármacos y las alternativas fallan, los doloridos esperan que las buenas manos de un fisio disuelvan desde la superficie males profundos, con masajes, estiramientos…

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El mejor.

– Cuando quieras, Alberto.

– ¿Ya te digo?

– Sí. Lo que me cuentes yo lo escribo tal cual, ¿vale?

– ¡Sí!

A quien corresponda:

Mi nombre es Alberto y tengo doce años. Desde que me acuerdo voy a fisioterapia. Mi cuerpo y yo trabajamos duro junto con la ayuda de Ana. No sé si el nombre de mi enfermedad es importante. Tampoco si mi fisio me ha diagnosticado o no. A mi lo que me importa es que ya puedo arrastrarme por el suelo para jugar con Mario, levanto la cabeza para ayudar a mamá a lavarme el pelo y puedo ponerme de pie para la ducha cuando mi hermana Julia me lleva a la piscina los viernes.

-¿Voy bien?

– Perfecto.

No entiendo de luchas que no sean aquellas por las que vale la pena pelear. Mi pediatra y mis padres hablan muchas veces de eso con mi logopeda. No sé por qué hay gente que se empeña en decir lo que los demás pueden o no pueden hacer.  No sé tampoco si cuando estoy triste  mi cuerpo responde mejor o peor; mi neuropsicólogo y mi terapeuta trabajan conmigo igual. Bueno, no. Ese día me dan más abrazos.

Me decía ayer mi hermana mayor, que estudia enfermería, que hay gente que dice que las emociones se reflejan en la espalda. A mi la verdad me parece una chorrada.

-¿Puedo decir eso?

-Claro.

Pero sólo tengo doce años. Aunque ahora que lo pienso mi hermana estudia muchísimo y lee todos los días; y ella habla de un sabio que se llama Razonamiento y de una tal Evidencia, (creo que se dice así) y parece que están conmigo.

El otro día mi amigo Paúl se torció el tobillo. Ese día no fué a clase y no pudo echarme una mano en cono. Menos mal que la seño le dijo a Clara, mi PT, que  viniera un rato.

Mi abuela se partió la cadera y le dije que si quería yo hablaba con Ana. Seguro que podría ayudarle a volver a caminar. Entonces me dijo que no me preocupase que ella ya tenía fisio. Yo no me fiaba de la otra porque creía que Ana era la mejor fisio de España.Pero entonces después de algunas semanas mi abuela caminaba bien, y entonces pensé que como yo aún no caminaba quizás la mía era la segunda mejor fisio de España. Pensé en llamar a mi abuela y cambiarme pero luego me sentí muy mal. Esa noche lloré ( y no me dolió más la espalda por cierto) y mi papá me contó una cosa. Me dijo que cada uno tenía una forma de moverse por el mundo. Los pájaros “pajareaban” por el cielo. Las ballenas azules “balleneaban” por el agua. La abuela “abueleaba”; y yo me movía como un Alberto; un precioso y fantástico Alberto de doce años. Y entonces me acordé de Ana, y su frase sobre el movimiento y la normalidad y la función.

– No recuerdo bien la frase.

– No te preocupes.

Bueno que todo esto es porque vi ami hermana enfadada y a Ana hablando con el médico de una gente de Madrid ( creo) y de unos fisios de España, mejores o algo así. Y porque mi amigo Paúl presumía en mates de  que su fisio era el mejor. Y dale con el mejor. Me sentí agobiado ( pero no me dolió más la espalda ni nada tampoco esta vez).

Y yo pienso que el mejor fisio de España es el de mi abuela para “abuelear”, el de Paúl para “paulear” y Ana es la mejor fisio de España para que yo le de besos a mi madre desde mi silla cuando me lava el pelo.

Y nada más.

– ¿Hemos terminado?

-Sí. ¿Lo publicas?