El desprestigio

Hay encuentros fortuitos que acontecen pocas veces en la vida…

De entre el brillo de unos ojos cierta chispa me alcanza para llamar mi atención.

Hay guerras en las que no es sencillo luchar. A veces por que no quieres, a veces por que no pensabas estar.

Pero entonces se levanta un delgado índice para solicitarle distancia; y pedirme cercanía.

Y me gana la batalla.

Me acerco con mirada curiosa y me susurra:

-El des-pres-ti-gio_casi sin aliento.

Frente a mi silencio, sus arrugas pierden la paciencia y se revuelven en su rostro, buscando alguna señal en el mio.

Ante mi sonrisa, no le hacen falta sonidos y me responde con un alzar de cejas y un resoplo de hastío.

-Me molestan …las…gafas…

Una vez fueron las gafas, otra fué un sillón maldito; y en fondo de mi alma, habita el gigante con cara de chiquillo.

Dulcinea entra en escena y entonces todo se modifica.

Y hago mutis; no en el foro, pues debo quedarme en escena…

Mientras observo en segundo plano, aprovecho para captar detalles.

Posición, movimientos, gestos que esconden anclajes donde yo me apoyo en el hecho. Signos que comparar en mi razonar tardío.

Cada paso, cada avance, importa.

Y como una sacudida irrumpe él.

El desprestigio.

-No te mueves.

-No come.

-No me hace caso.

Y ¿quién soy yo para ponerme enmedio?

¿Quién me ha dado guión en esta obra?

A veces el fisio es un artista invitado, que llega en el final de la función cuando todos los papeles estaban asignados. Y como un Sancho perplejo, se esfuerza en hacer un digno intento.

Que me perdonen mis Dulcineas.

Que a veces no nos entienden.

Que la locura no es tal, cuando desde el otro lado, los molinos son más gigantes, que molinos.

Tres he tenido fortuna. De conocerles tuve la suerte.

Y cuando un Quijote se va. Una Dulcinea queda.

Pero también un Sancho, que parte en busca de otras obras inconclusas, confundido y pesaroso.

A uno de ellos le dije  (y espero que los demás me oyeran):

“No hay más bello desprestigio que aquel que del amor llega”

 

 

 

Hasta siempre.

Autoeficacia

El nuevo paradigma actual de la fisioterapia tiene varios frentes abiertos.

Todo aquello que evoluciona y establece fuertes raíces, en ocasiones, parece amenazar el terreno de otros estamentos.

Donde la superioridad no existe, la tierra impone sus leyes, tan antiguas como la humanidad. Y en la complejidad de la misma, se nos olvida que más allá del árbol, existe el bosque.

Le hablamos al paciente de la independencia. En realidad, en la Alianza, el mayor síntoma a vencer (llamémosle signo si os complace), es el la baja autoeficacia.

Es difícil hacerse cosquillas a uno mismo…también daño. ..o causarse alivio.

La neurociencia nos muestra que es más significativo aquello que ocurre desde el exterior…aunque discreparía de su verdadera relevancia en el proceso curativo.

Y es que si se nos aplica el mismo tratamiento, los fisioterapeutas deberíamos autoesforzarnos, y no esperar a que otros curen nuestras carencias.

Potencia tus habilidades, no tus discapacidades… se nos pierden las mejores.

Los bosques están llenos de raíces…¿quién teme a quién?

¿Debemos temernos? Hay tierra para todos…

Es tiempo de cambio. Existen personas que creen en tallos verdes, flexibles, debemos saber adaptarnos. Pero si nos anclamos en egos presuntuosos y no parsimoniosos, volveremos a caer en la misma tesitura…

Reflexionemos.

La autoeficacia comienza por una fuerte memoria de éxitos anteriores.

Éxitos que se basen en batallas ganadas a favor del crecimiento interno, y no del fracaso de los demás. Memorias de superación que refuercen una motivación intrínseca, que nos mueva a generar oportunidades. Los límites impuestos son absurdos…y más cuando lo hacemos hacía los supuestos adversarios.

La autoeficacia parte también del conocimiento de lo que queremos conseguir, superar, restablecer, conquistar. A las generaciones que llegan hay que darles conocimiento. Y a los veteranos, la escucha activa.

No es una guerra. Es la reconquista de valores. La diferencia radica en el respeto al resto.

Objetivos “elegantes”, o marcianos”, venga, va.

Qué bien nos sabemos la teoría…

Son tiempos de cambio.

Si te valoras, te respetas, te quieres, y crees en tí.

Yo amo mi profesión.

Y estoy preparada. Porque me impulsan memorias de otros que ya crecieron.

¿y tú?