Y de repente un habitante del exterior de la aldea de muro semipermeable lanza un mensaje a los fisiopedagogos y a los artesanos de los alrededores.

¿hasta dónde llegarán sus reflexiones?

arturo goicoechea

La práctica médica está enmarcada en los límites de dos objetivos: el diagnóstico y la terapia.

Al profesional se le pide que diga lo que uno tiene. Al menos que le ponga un nombre, aun cuando eso muchas veces no aporta gran cosa.

– Tiene usted cervicales… desgaste… contractura… distensión… sobrecarga… estrés…

Una vez puesta la etiqueta el ciudadano espera el remedio o ¡qué menos! el alivio, la terapia.

– Deme algo, al menos, para quitar el dolor o reducirlo, para poder ir tirando…

Los profesionales salimos del apuro tirando de etiquetas y de terapias. Al menos, que se vea que hemos cumplido con lo que se nos exige.

En la cuestión del dolor crónico no es fácil sugerir etiquetas precisas ni garantizar alivio. Cuando los fármacos y las alternativas fallan, los doloridos esperan que las buenas manos de un fisio disuelvan desde la superficie males profundos, con masajes, estiramientos…

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