Dianas

No llores, Tito.

Tampoco te culpo…nos hicieron lloricas; lloricas y desconfiados. Pero es hora de madurar. Profesionalmente hablando nos queda un largo camino.

No voy a dar mi opinión, sino la de mi fisionube.

En la pirámide de la práctica de la fisioterapia, parece que la cosa va así:

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Pues, ¿de qué nos sirve una caja llena de llaves si no reconocemos la cerradura? ¿para qué un saco de flechas si disparan al aire?

Más cerraduras, más dianas.

El tomate es una fruta, eso ya lo sabemos los fisios sin red. Y disponer de una bolsa llena de fruta para hacer macedonia está genial…pero a veces servir simplemente el tomate con sal, es un acierto. Con esto la fisionube quiere decir que haciendo un símil con la cocina, a veces la calidad reside en el menos es más, siempre desde la base de un buen razonamiento.

Y el razonamiento clínico se apoya en evidencias, experiencias y por supuesto en el paciente.

Para un buen resultado es necesario un buen diagnóstico. Trabajar elegantemente, ordenadamente. La higiene en fisoterapia práctica requiere limpieza. El diagnóstico nos ordena los pensamintos para dejar claro el camino de la terapéutica. La táctica requiere método.La estrategia no improvisa.

Otra historia son las preferencias del paciente. Podemos ir a comer a un fast food o a casa de la abuela. La diferencia es ir al primero a sabiendas de lo que hay.

Por que con el diagnóstico realizamos un tratamiento…el resto es tocamiento.

Debemos luchar por el prestigio. Y para ello la lealtad al profesional es clave. No es jugar a ser médicos, es tomarnos la fisioterapia en serio. El respeto al paciente comienza con un buen screening. Y continúa con la escucha activa. No somos Dioses, somos humanos repletos de sesgos. Hacernos conscientes de nuestras propias banderas nos hace conscientemente incompetentes y ese es el primer paso para la metacognigcion que hará que pensemos y que el paciente nos respete.

 

Luego también están las cerraduras. Algunas son ( con todo el respeto a la complejidad del ser humano, su desequilibrio inherente y su química), simples.

Otras, complejas. Necesitarán varias llaves y algunas las tendrá el propio paciente.

Por esto es, que llorar no sirve de nada; sólo para perdernos las estrellas.

Más pensar, y luego el tratamiento debe brillar por su simpleza.

Que eso dice la fisionube, (yo a veces también lloro).

Tendremos que seguir pensando. Y confiando en los compañeros.

 

Fisios

Y de repente un habitante del exterior de la aldea de muro semipermeable lanza un mensaje a los fisiopedagogos y a los artesanos de los alrededores.

¿hasta dónde llegarán sus reflexiones?

arturo goicoechea

La práctica médica está enmarcada en los límites de dos objetivos: el diagnóstico y la terapia.

Al profesional se le pide que diga lo que uno tiene. Al menos que le ponga un nombre, aun cuando eso muchas veces no aporta gran cosa.

– Tiene usted cervicales… desgaste… contractura… distensión… sobrecarga… estrés…

Una vez puesta la etiqueta el ciudadano espera el remedio o ¡qué menos! el alivio, la terapia.

– Deme algo, al menos, para quitar el dolor o reducirlo, para poder ir tirando…

Los profesionales salimos del apuro tirando de etiquetas y de terapias. Al menos, que se vea que hemos cumplido con lo que se nos exige.

En la cuestión del dolor crónico no es fácil sugerir etiquetas precisas ni garantizar alivio. Cuando los fármacos y las alternativas fallan, los doloridos esperan que las buenas manos de un fisio disuelvan desde la superficie males profundos, con masajes, estiramientos…

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