Soy

      Cuéntame, Urania, qué soy.

Soy lo que hago. Lo que pienso. Lo que digo.

Conozco la forma, el sentido y la dirección. Conozco la fuerza, y me impongo a ella. Soy capaz de predecir y asociar, de referir y anticipar. Puedo buscar el signo, encontrarlo y reproducirlo. Tengo la capacidad de observar y ocasionar cambios; de originarlos y mantenerlos. Conozco el dolor y puedo modularlo. Intervengo en el movimiento y en el entorno. Tengo la voz, la pregunta y las respuestas. Soy capaz de ver entre las palabras aquello que es relevante y encuentro entre expresiones aquello que no se dice; conozco el 20 y también el 80. Capto alteraciones y compensaciones. Atrapo detalles y encuentro preferencias. Me creo inconscientemente competente.

Y entonces se presenta la duda y me vuelvo inconscientemente incompetente.

Pienso que hay detalles que se me escapan. Las preferencias de desordenan ante mí. No entiendo las compensaciones y las alteraciones me agobian. Siento que se me escapa el 80 y el 20 se me antoja impreciso. Se me pierde la palabra y las respuestas vuelan sobre mi; las preguntas se magnifican y pasan al otro lado. El entorno se vuelve confuso y el movimiento me hace burlas. El dolor se vuelve impreciso, enrevesado. Me duele no manejar el dolor. Y los cambios ocurren impasibles independientes de mis capacidades. Los signos se esconden haciendo travesuras. Me vuelvo predecible, el ingenio se me demora. Y la debilidad me invade. Todo pierde sentido y dirección.

Mi mente se detiene. Observa. Me siento conscientemente incompetente.

Intento entender la forma, que se me antoja dinámica; y el sentido y la dirección son tridimensionales. No trato de vencer la fuerza; me uno a ella. Razono sin anticipar ni predecir; asocio desde la pausa. Y espero al signo; que llega solo. Invito al cambio y observo cómo se comporta; no lo empujo, le acompaño. Y el dolor… me concentro en comprender el entorno. Pido la palabra, abro las preguntas y adapto las respuestas. Domino el 5 y sonrío ante el 60. Me concentro en la individualidad y busco incansable la relevancia ante la variedad. Sopeso el detalle, y pregunto preferencias.

Y, por fin, consigo ser conscientemente competente; razonablemente comprensible; sinceramente leal.

No presiono; acciono. No conozco; comprendo. No acierto; averiguo.

Soy lo que hago. Lo que pienso. Lo que digo.

Cuéntame, ahora, ¿qué eres tú?

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The Importance of Language

Perspectives on Physiotherapy

Apologies for not blogging for so long but I am back with a few more perspectives on physiotherapy. Following my first blog on concepts and the importance of their clarity, I thought that I would reflect on the meaning and perception of words from both the clinicians’ and patients’ viewpoints, specifically the words used to convey information to patients with low back pain (LBP).

Did you know that it may take just 39 milliseconds to form a first impression of somebody? (Bar, Neta and Linz, 2006) A bad first impression may take some time to change and communication affects every clinical encounter (Roberts et al, 2013)– definitely worth pondering!

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Ad Líbitum

Y aquí estás tú, conmigo. Y mi fisio también, que sonríe.

Mis pies se despegan del suelo para llevar hacia atrás a mi cuerpo antes de aterrizar.

Mi corazón se acelera porque me emocioné ante la decisión de saltar.

Miro a mi fisio que me mira mientras levanta la cabeza tras asentir.

Me subo a la camilla para sentarme y escucharle.

Pongo mi rodilla extendida al máximo para doblarla.

Mi rostro sorprendido se tensa antes de soltar el aire y tomarlo profundamente…

Salgo de la clínica para ir a mi casa.

Dejo la muleta en la puerta.

Subo las escaleras hacia arriba culeando y entro en la ducha resbalando por el borde.

Las gotas de agua salen de mi cuerpo y regresan a la alcachofa.

Salgo de nuevo para ponerme el pijama y cojeo hasta la cama.

Sueño con el año pasado.

Las sesiones de propiocepción.

Los partidos desde el maldito banquillo.

Las sesiones de marcha.

Los partidos interminables desde el banquillo.

Las sesiones de movilizaciones.

Los partidos desde la grada.

Las sesiones de movilizaciones en descarga.

Los partidos desde casa.

Las sesiones de isométricos.

Los partidos desde el hospital.

La ambulancia.

El partido.

El dolor disminuyendo progresivamente de intensidad desde el más agudo hasta un ligero espasmo.

El césped huyendo de mi pierna.

Mi rodilla volviendo a su sitio despegando del suelo y el crujido en el aire haciéndose el silencio.

La pierna de mi contrincante saliendo de mi muslo.

Mi cuerpo retornando al equilibrio.

Mi cabeza girando desde delante hacia donde estás tú; tan bonita alzando las manos.

No te sientas mal. Tú no tuviste la culpa. Fui yo quien te miró cuando no debía despistarme. Y aquí estás, a mi lado, cuando mis pies por fin regresan al suelo desde el cielo al saltar, y mi rodilla responde.